jueves, 6 de enero de 2011

La noche en la que eyaculé en una taza



…Lucía llegó agitada, un poco mojada por la lluvia. Me dio un beso nervioso en la mejilla, se sacó la cartera y la colocó en su regazo. Mientras se frotaba los antebrazos debido al frío del aire acondicionado pidió un café cortado con edulcorante y, por fin mirándome con esos tremendos ojos melados y buscando mis manos, me dijo:
-Perdoname por lo de anoche…
-Eh, mejor no hablamos del tema –le dije, separando mis manos de las de ella.
-Pero yo quiero aclarar las cosas
-No, no hace falta.

La historia de hoy tiene que ver con creencias místicas y religiosidad, y su permanente interferencia en la felicidad sexual de las personas. Ustedes, quizá, alegarán: “¿y si es feliz así?”. "Tal vez", podría responder, pero tengo el deber de comunicarles que no es así ya que quizá los mayores afectados por este tipo de creencias y prácticas somos los que no nos ceñimos a las mismas, permítanme explicarles…

Esto resumiría bien.
Todo empezó cuando comencé a festejar con una chica de nombre Lucía. Lucía era una muchacha encantadora, no pervertida por el sistema, de unas gomas titánicas y una sonrisa angelical (soy todo un poeta, ¿no?). A Lucía le gustaban los placeres sencillos, disfrutar de una película, una rica merienda, una buena cena; particularidades que –junto con su espléndida figura- me atraparon como león a su presa. Así es, la divergencia de mis ideas (o síndrome de atención dispersa) y la innumerable cantidad de datos inútiles y proyectos sin acabar girando permanentemente en mi cabeza exigen un modo de vivir apacible y sin muchos dramas. He ahí donde coincidíamos plenamente con mi nueva amada… pero, lo que no tenía en cuenta era el insano enfrentamiento que habría de venir entre mis hormonas y sus creencias religiosas.

Era el 1º de Febrero del 2008. El día en que cumplíamos 6 meses de novios. Sus padres estaban de viaje y aprovechando mis suficientes-para-la-ocasión conocimientos gastronómicos tuvimos la picardía de organizar una cena romántica.

Como trabajo en una productora y el ambiente -como podrán suponer- es bastante liberal tuve la mala suerte de haberme fumado un porrito antes de hacer las compras, eso, sumado a un pensamiento divergente y obsesionado con personajes y escritores, puede tener consecuencias devastadoras.

-¡Pero vos tenés los huevos llenos, pibe!
-Hmm...
Fue con ese porro con el que logré potenciar al máximo mi capacidad de ser pajero -en todas las acepciones de la palabra- y a partir de ahí comenzó –parafraseando a Manusiyo Kurosawa-: Una Serie de Eventos Desafortunados.

16:15. Mercado de Abasto. Mi memoria a corto plazo comenzaba a fallar. Los ingredientes que tenía en la cabeza cambiaban y cambiaban. Luego del eterno viaje en el micro (sí, viajo en micro… y con la misma frecuencia con la que hago acotaciones absolutamente innecesarias…) y luego de memorizar los ingredientes llegué hasta uno de los verduleros:
-Hola, ¿tomate? –pregunté, frunciendo el ceño y dejando la boca abierta en la última vocal.
-No, Carlos, un gusto, pero tenemos tomate.
-Dame un kilo –dije rápidamente, todavía no había cazado la gansada del tal Carlos.
-Aquí tiene, ¿algo más?
-Sí, papas, cebollas, medio kilo de cada una y curry…
(Tarda como tres horas)
-Aquí están las papas, cebollas y en vez de curry tengo comino.
-Eh, el comino no, gracias.
-¿Y por qué no?
-¿Perdón?
-¿Que porqué no quiere llevar el comino? Si sabe lo mismo.
-¡¿Qué sabe lo mismo?! –es este el momento de crisis donde resuelvo con un método que yo llamo “What would ... do?”. El único problema es que no tenía en cuenta la sugestión química bajo la cual me encontraba y entonces apareció Jim Morrison: “Buy his fuckin’ cominou, then ejaculate over and throw them on the ground”. Luego apareció Ayn Rand: “You’re being irrational, you’re denying what nature gave you in order to deal with this kind of situations successfully”. Pero Oscar Wilde se interpuso: “Tu buen gusto y refinado paladar tienen valor verdadero cuando descubren a sus acérrimos enemigos, y el comino, es un agravio a los sentidos”. Pero luego vino Nietzsche: “Un espíritu que se cultiva en pos de lograr un nivel superior debe procurar la perfección total, y sentencia su amarga condena quien abdica en reconocer la imperiosa necesidad gastronómica de curry".


17:50. Mercado de Abasto.
-Bueno, voy a llevar el comino.

17:51. Mercado de Abasto.
Dando media vuelta y dirigiéndome hasta la parada, una jauría de perros se interpone en mi camino. Hago el popular: “mchuiikk”. Uno de los perros hunde todos los colmillos en mi pantalón y lo desgarra, exclamo: “¡Perro del orto, nunca más voy a defender los derechos de los animales en Internet!”.

Tazas: un regalo generoso.
17:58. ¡BO-LU-DO! Me estoy olvidando del regalo. Los negocios van cerrando, veo una tienda de regalos y una agencia de pasajes. Compro una taza, la miro, dice “Te quiero”, me siento miserable. Ya sé, un pasaje a la casa de sus tíos en Encarnación es el regalo ideal. Entro a la agencia, veo que están dos señores:
-Buenas tardes señor –dice un viejo- ¿me da dos pasajes para Encarnación?
-No, ya se terminaron.
El viejo se da media vuelta:
-Disculpame Encarnación, se acabaron los pasajes.

20:50. Me subí al colectivo, al sentarme y soñar en la ventanilla pude darme cuenta de porqué las mujeres son las reinas del hogar: O garchan acá, o garchan allá.

21:40. Luego de una ducha carismática (es mi blog, puedo agregar los adjetivos que quiera: hurr, hurr) llegué a la casa de Lucía. El verano había dejado su marca dorada en cada centímetro de su piel, la abracé, no me quedaba la menor duda de que estaba hecha de algodón. Su perfume me embriagó. Mis hormonas estaban asaltando a cada célula de mi cuerpo exigiendo más y más oxitocina, mi cuenta espermática empezaba a subir, finalmente mi pene se llenó de sangre.

21:42. Mientras disimulaba la carpa, trataba de calmar a Ignacio*. Conté hasta 100, no dio resultados. Conté ovejas, Ignacio se reavivó. Conté 70 gusanos, no funcionó. Imaginé a Margaret Thatcher, e Ignacio durmió plácidamente.

<<*: Ignacio: la pija>>

¡Ma-es-tro!
23:50. Una vez cenados, nos dispusimos a ver una película, se llamaba: “Music And Lyrics”. Mientras se agachaba a colocar el Blu-Ray: “De esta noche no zafás”, -pensé y abrí mi celular para revisar los consejos seductivos en el Twitter: “Lo importante es ir sacando de a poco la respuesta necesaria, haz preguntas que deban responderse con un sí” otro decía: “Las mujeres son muy susceptibles a la psicología inversa, úselo a su favor”, fue entonces que sin dudar empecé:
-¡Nadie me dice que estoy flaco! :(
-¡Sí, estás mi vida, estás flaco! :)
-¡Gracias, Jeje! Pero nadie me dice como que estoy lindo… :(
-¡Estás lindi! :)
-Jeje, igual nadie me dice que me quiere… :(
-Yo ti kerop :)
-…nadie me quiere hacer el amor ;)
-¿Y yo soy PELOTUDA verdad?

23:55. Sorteamos el primer tropezón, gracias a mi ingenio y buen humor:
-Lucía, adiviná, qué es un anillo.
-¿Qué es?
-El culillo de un enano.

¡Miniiitash!
Lo bueno era que definitivamente no íbamos a ver la película, y la moraleja que había cosechado era que si la mina se ríe de un chiste como ese, es porque definitivamente te quiere lustrar el caño. Así es, minutos después convertiríamos ese sofá en un barco, para perdernos en un mar de sensaciones (soy el Dios de la metáfora). La desvestí con delicadeza, ella estaba sobre mí y yo recorría su piel dorada, el lunar en su cuello suave era un fetiche que me enloquecía, yo la besaba y ella respiraba como una parturienta. Llegamos a lo que podría considerarse como el límite del deseo humano (y el récord mundial de cuenta espermática). Ignacio estaba prácticamente indignado, a punto de estallar.

Seguimos con la juerga pero cuando traté de sacarme los calzoncillos ella me atajó y me dijo:
-¿Para que te sacás?
-Para jugar ping pong, PELOTUDA –pensé.
-¿Por qué? –pregunté.
-Es que si te sacas el bóxer, es para algo.
-Vos sabés Lucía que yo te adoro, pero no me vengas a esta hora con planteamientos teleológicos por el amor de Dios. Vamos al meollo.
-¿A dónde?
-A la-puta-que-te-parió –pensé.
-Nada, mi amor, que me expliques directamente cuál es el drama.
-Bueno, yo tengo que llegar virgen al matrimonio –dijo, levantando las cejas, -y posó la mano accidentalmente sobre Ignacio-.
-P...-p-pasame la taza -balbuceé.
-¿Qué?
-¡LA POTA MADREEE...! - FAP FAP FAP

1 comentario:

  1. OMG!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!! Jajajajajajajajajajajajajajajajajaja... Ni siquiera un carpinterito??? Nuuuuuuu... Por que no te pusiste los pantalones, saltaste y fuiste a toda puta a la iglesia mas cercana, raptaste al cura y lo llevaste para que una en sacrosanto matriscidio sus almas (y permita que sus cuerpos hagan lo mismo... jejeje...)... osea... eso hubiera hecho yo...

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